LA ENTREVISTA con el ex miembro de ETA Iñaki Recarte que publicamos hoy ilustra muy bien cuál es la situación de los presos de la banda y de la izquierda abertzale. Recarte acaba de salir de la cárcel, beneficiado por la supresión de la doctrina Parot, tras haber pasado 22 años entre rejas por su actividad terrorista, que incluye tres asesinatos. Hoy es un «arrepentido» que tiene claro que ETA le lavó el cerebro cuando era joven, como a tantos otros de su generación: «Creías que eras un soldado en una guerra». Su testimonio tiene el valor de ser el de alguien que conoce de primera mano la situación de los etarras en las cárceles y que sabe también cómo actúan la banda y el entorno radical.

La fotografía que ofrece del colectivo de presos de ETA es la de un mundo que se desmorona. Asegura que están divididos y que son «muchísimos» los que quisieran desmarcarse de la banda, pero que les atenaza el miedo a las represalias y al rechazo social con el que se encontrarían tras quedar libres y regresar a sus pueblos. Sin embargo, él es un ejemplo de que hasta eso parece estar cambiando: ha abierto un bar y la gente entra con normalidad, a sabiendas de su rechazo al mundo radical.

Recarte cree que el caldo de cultivo actual en las cárceles debería ser aprovechado por el Gobierno para insistir en la denominada vía Nanclares, consistente en ofrecer beneficios penitenciarios a quienes se aparten de la banda. Ahora bien, siendo una alternativa que está ahí, y que ha dado sus frutos, lo primero que deben saber los presos etarras es que son ellos los que tienen que dar el paso, pedir perdón a las víctimas y colaborar con la Justicia.

El mensaje de Recarte debería servir a los presos y a los radicales en general para abrir los ojos a la realidad. Según dice, si conocieran y escucharan a las víctimas, como él ha hecho, se les «derrumbaría todo», empezando por la visión maniquea entre buenos y malos que aún hoy tratan de perpetuar los proetarras. Pero, además, asegura que la unidad del colectivo de presos es un elemento de presión que utiliza la izquierda abertzale mirando única y exclusivamente por sus fines políticos, mientras aquellos a quien dice defender se pudren en la cárcel. En ese sentido, es muy crítico con Otegi, al que califica de «cobarde» por no haberse enfrentado a los jefes de la banda en su momento para superar la etapa del odio y la violencia.

Las manifestaciones de Recarte llegan precisamente en un momento en el que, lejos de dar un paso atrás, el sector duro de Batasuna pretende volver a la primera línea para dirigir Sortu y radicalizar el clima en la calle y en las instituciones. Es la prueba de que ETA no ha dejado de mover los hilos desde la trastienda y de que va a seguir marcándole el paso a la izquierda abertzale. El ejemplo de Recarte demuestra que dentro del colectivo de presos ha existido mucha más capacidad de crítica y mayor rebeldía contra el rodillo de la banda que entre los representantes políticos de ese mundo. Por todo ello, tanto el Gobierno como la Justicia deben estar atentos a los nuevos movimientos que se puedan producir en el entorno de ETA, persiguiendo a quienes tratan de destruir nuestro sistema de convivencia y beneficiando, conforme a ley, a quienes se alejan de los violentos y colaboran con las víctimas.

Fecha: 4 agosto 2014

Fuente: http://www.elmundo.es/opinion/2014/08/03/53de903922601d64468b4571.html