¡Qué solos están, qué poco les cuidamos!

¿Dónde está el alma de una Sociedad? Yo creo que está en la Justicia y ¿qué mayor justicia que salud para todos?

En una consulta de medicina de familia se tiene la oportunidad de tomar el pulso a este alma y, como médico de familia que soy, puedo asegurar que estamos faltos de justicia, es decir, de alma.

¿Hacia dónde va una sociedad que se define como moderna, democrática y justa si no cuida a sus iguales? Ahora decimos que la crisis económica nos obliga a hacer recortes, pero ¿dónde está el límite de esos recortes? A mí no me cabe duda: en el cuidado de la infancia y de las víctimas de terrorismo. ¿Por qué estos dos colectivos?, se preguntarán. Porque son inocentes, inocentes y víctimas de errores de otros.

En mi experiencia profesional he tenido la oportunidad de tener que cuidar a pacientes víctimas de terrorismo y ¡qué solos están, qué poco les cuidamos! Muchos actos públicos de reconocimiento y muchas asociaciones de víctimas, pero el día a día de sus secuelas y sufrimientos lo padecen ellos, sin ayudas o con muchas trabas administrativas.

Ser víctima de terrorismo significa tener dos vidas: la de antes del atentado y la de después, y la segunda hace sufrir mucho.

Las víctimas de terrorismo que yo he tenido la oportunidad de tratar sufren secuelas como lesiones irreversibles en la vista, en la audición, metralla en su cuerpo que nunca va a desaparecer, lesiones medulares en la columna que produce dolor intenso diario y sobre todo un cuadro de estrés postraumático difícil de superar.

Unos viven con depresión permanente, lo que significa que su vida no tiene sentido. Otros con ansiedad continua, es decir con miedo. Pero MIEDO en mayúsculas, ese miedo que no te deja dormir porque tienes pesadillas, que no te deja ir de vacaciones porque tienes miedo a que te pase algo, miedo a no poder trabajar porque no estás preparado… MIEDO A TODO. ¿Y nosotros, la Sociedad, cómo les cuidamos?… Ignorándolos.

Las prestaciones médicas que tienen estos pacientes son las que están incluidas en el catálogo de la Seguridad Social, es decir, si necesitan gafas o lentillas para sus lesiones oculares se las tienen que pagar. Si necesitan audífonos, también se los tienen que pagar. Y si necesitan un psiquiatra o psicólogo también…, porque en la Seguridad Social solo pueden ser atendidos cada mes o dos meses, dada la presión asistencial que tienen estos servicios por la escasez de personal.

No digamos si lo que solicitan es una ayuda económica, entonces se meten en un calvario burocrático que les produce más estrés postraumático. ¿Puede un paciente, con estrés postraumático dealtísima intensidad como el que sufre una víctima de terrorismo, recibir una atención tan deficiente?

Coches oficiales, tablets, teléfonos móviles, sueldos altos, dietas, etcétera…Para esos gastos no hay crisis y ¿para nuestras víctimas, dónde está el alma de la Sociedad?

Fecha: 12/07/2014

Fuente: http://www.doblese.es/revista/v%C3%ADctimas-del-terrorismo-pacientes-olvidados